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Celos y rivalidad

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 6 De Septiembre, 2020 · 08:00 am
Celos y rivalidad
Los celos vienen del griego antiguo “zelos”, que significa fervor, ardor, ansia por algo o alguien - Foto: Ilustración

Hay de males a males. Existen enfermedades que nos debilitan, catástrofes naturales que destruyen ciudades enteras –y la mucha o poca fortuna de cientos de familia–, crímenes, traiciones, injusticias. Muchas pueden ser las eventualidades que irrumpen en nuestra vida de manera inesperada y cambian nuestra vida. Sin embargo, estos males existen en el exterior. ¿Qué pasa con aquellos males que tienen un origen interno? Pensemos en los celos y la envidia. Ambos son males terribles, que estrujan el corazón y hacen hervir la sangre.

Los celos vienen del griego antiguo “zelos”, que significa fervor, ardor, ansia por algo o alguien, así como un sentimiento de rivalidad. La envidia, en cambio, refiere al “mal de ojo”, una creencia de varios pueblos según la cual puede causarse daño a otros con tan sólo mirarlos intensamente. Así, el deseo de provocar infortunio a terceros y la pesadez que provoca el bien ajeno parece concentrarse y escaparse por la mirada, como rayo fulminante. ¿Ustedes qué opinan? ¿Alguna vez los han visto con envidia? ¿O la han sentido?

Los celos son el origen de los peores crímenes. Tan sólo recordemos la historia de Caín y Abel. Después de que Dios prefiere la ofrenda de Abel –animales sacrificados–  a la de Caín –productos del campo–, éste último decide asesinar a su hermano. Así, con un crimen provocado por los celos, empieza la historia de los diversos pueblos de la Tierra, según la Biblia. José, el favorito de su padre Jacob, también fue víctima de la envidia y los celos de sus hermanos, quienes lo venden como esclavo y fingen su muerte. La predilección de Dios o del padre, de la autoridad, siempre es ocasión de conflicto. Sin embargo, esta predilección no necesariamente tiene que provocar rencores, pues bien podría inspirar intenciones de introspección y mejora personal.

Una de las historias infantiles más famosas inicia con un arranque de celos entre un vaquero y un viajero intergaláctico. ¿Saben a cuál me refiero? Sí, a Woody y Buzz, de Toy Story. La trama de la película inicia cuando llega un nuevo juguete a quitarle el lugar de favorito al vaquero Woody. Después de su fiesta de cumpleaños, Andy recibe como regalo a Buzz Lightyear, un juguete moderno, con luces, sonidos y otros aditamentos que lo hacen más atractivo. Woody, junto a Buzz, no es más que un aburrido vaquero de cuerda. Ante el inminente peligro de ser olvidado, en Woody comienzan a crecer sentimientos homicidas que lo llevan a deshacerse de Buzz.

Sin embargo, ambos terminan perdidos y lejos de su objeto de deseo: el cariño de Andy. Las aventuras que viven juntos en su regreso a casa son un viaje de transformación. Tanto Woody aprende a estimar a Buzz por sus particularidades y comprende que el cariño de Andy seguirá siendo el mismo, como Buzz acepta que tiene límites y aprende a valorarse dentro de ellos. Aunque la historia trata sobre la amistad, también creo que retrata, primeramente, el estado de conflicto y rivalidad original. El cual, claro sólo puede ser superado cuando cesa la rivalidad. Ambos ven en sí mismos sus defectos y virtudes, así como las del otro. Su valor individual radica en sus diferencias, su rivalidad en sus similitudes.

¿Es posible dejar de ver a los otros como rivales? Es cierto que no todos podemos ser los favoritos, pues entonces se perdería el sentido de predilección y nadie sería realmente reconocido. Sin embargo, en un estado de perpetua rivalidad tampoco estamos mejor, pues donde todos somos rivales, ninguno es valioso. La rivalidad supone la reducción de la persona a una característica que lo homologa a otros. Pensemos en las competencias atléticas. No sugiero anular el carácter competitivo de la vida, sino menguar su carácter violento. El mundo de la rivalidad es el mundo de la lucha sangrienta por una predilección azarosa. La competencia, en cambio, supone el reconocimiento de habilidades propias y ajenas, y la voluntad de mejora individual y comunal.

(con la colaboración de Karla Aguilar)

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@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias