¿Deseas recibir notificaciones?
Radio
Webcam
Buscar
Obscuro
Link Copiado
A A

Carreritas de recuerdos

Los tiempos cambian y con ellos cambia la manera de ser niño; los juegos no son los mismos, ni siquiera los espacios de recreo han permanecido.

Héctor Zagal Domingo 2 De Mayo, 2021 · 07:00 am
Carreritas de recuerdos
Un carrito azul sobre la cera / Pixabay

El viernes pasado, 30 de abril, se celebró el Día del niño en México. Quisiera compartirles algunas reflexiones en ocasión de la infancia y la niñez. ¿Han leído “Las batallas en el desierto” de José Emilio Pacheco? Es una novela corta donde se retrata la vida de Carlos, un niño del México de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. La historia nos lleva por las calles de la colonia Roma en la Ciudad de México, por los patios de recreo de las escuelas públicas, de los anhelos de la clase media de entonces y la llegada de productos norteamericanos a la vida de los mexicanos. Y, claro, nos retrata el primer despertar pasional y romántico. Lo que me gusta de esta novela, además del recuento de los elementos de un México que ya no es, es cómo está escrita. No sólo es la brevedad de la historia, sino que Pacheco logra, me parece, que se lea como si se estuviera corriendo junto a Carlitos en el patio de recreo, de su casa a la escuela, de la escuela a la casa de Mariana. Y es que la niñez es similar a una carrerita con amigos: es gloriosa, pero termina rápido.

Yo aún recuerdo los juegos en el patio de recreo. Los juguetes que marcaron mi infancia. Los parques que visitaba en las tardes. Las amistades fugaces y aquellas que se instalaron para nunca irse del todo. Recuerdo los dictados interminables y las clases de caligrafía. Recuerdo el ‘lunch’ (torta de frijol) y mis eternas ganas de un raspado a la salida. Y sí, mucho de ello parece una carrerita que se siente más como una pérdida que como una victoria cuando se llega a la meta. Pero no quiero hundirnos en la nostalgia. Por fortuna, contamos con los recuerdos y estos, de alguna manera, mantienen su vitalidad. Las memorias no son fósiles capturados en ámbar; no están condenadas a la inmovilidad. Esos niños que fuimos nos acompañan. A veces responden por nosotros. A veces son ellos quienes experimentan la emoción de ir al cine, de caminar en el pasto, de encontrarse con los amigos, de abrazar a nuestros familiares. A veces ese niño es quien ríe y, otras, es quien llora.

Existe otra razón por la cual podemos decir que no hemos perdido la niñez del todo: los niños con los que convivimos. Veo a mis sobrinas descubriendo el mundo con una confianza y emoción que me resulta conocida. No es sólo a través de mis recuerdos que viajó a esa tierra mítica y sagrada que es la infancia, sino que puedo caminar en ella nuevamente cuando me siento con mis sobrinas a escuchar sobre su día, cuando juego con ellas, cuando me invitan a caminar a su lado.

Sin embargo, los años no pasan en vano. Los tiempos cambian y con ellos cambia la manera de ser niño. Los juegos no son los mismos. Ni siquiera los espacios de recreo han permanecido. Aún antes de la pandemia, las calles dejaron de ser el espacio de convivencia predilecto de los niños. Un buen criterio para saber si una calle o colonia es segura es si se escuchan niños jugando. ¿Ustedes aún jugaron en la calle hasta tarde?

La infancia nunca es la misma para ningún niño. Ni siquiera es la misma para quien ya la ha vivido. A veces volver al pasado es reconfortante. Otras veces puede generar en nosotros tristeza o enojo. Visitar al niño que fuimos es un viaje osado; no siempre se arriba a costas tranquilas. En la niñez se encuentran nuestras primeras alegrías, pero también nuestros primeros miedos, frustraciones, desencantos. Si bien es la época de la inocencia, también es la época de su pérdida. Creo que la falta de malicia, de sombras, de intenciones ocultas, permite a los niños conocer de manera más profunda tanto la mejor cara del ser humano como la más lamentable. La inocencia es apertura. Los niños confían y dicen “sí” a las experiencias, a las personas, a sí mismos. Podemos entender la madurez y el crecimiento como un alejamiento de esa confianza tan pura de los niños. No quiere decir que nos volvamos desconfiados necesariamente, sino precavidos. El día a día nos enseña que en la vida se mezclan la injusticia con misericordia, la venganza con el perdón, la traición con la amistad.

Ojalá que haya sido un feliz Día del niño para los niños y niñas que son y para los que fuimos.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

(El autor es conductor del programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal” y profesor de la Facultad de Filosofía en la Universidad Panamericana)

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias