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Caras, gestos y contextos

De la tinta de Héctor Zagal

Héctor Zagal Domingo 3 De Mayo, 2020 · 11:52 am
Caras, gestos y contextos
Clases a través de videoconferencias / Pixabay

Estas últimas semanas he podido trabajar desde casa dando clases a través de videoconferencias. Como muchos otros docentes de la vieja guardia, estoy acostumbrado al espacio del aula, al pizarrón, al escritorio, a desplazarme mientras hablo, a plantear preguntas a mis estudiantes y a reírme con sus bromas. Dar clases tiene algo de teatro. Los profesores utilizamos una suerte de guion, elegimos nuestro “vestuario”, cuidamos nuestra dicción y jugamos la entonación de su voz para poder dar matices a su discurso. Incluso pensamos en algunos chistes para intentar arrancarle algunas sonrisas a los pobres alumnos que tienen que soportarnos durante horas y horas.

Y, por supuesto, hay un trabajo corporal. Aunque muchas veces no reparamos en el uso del cuerpo y los gestos, estos son un medio de comunicación (o distracción) importantísimo. Por ello no está de más pensar nuestra clase como una puesta en escena. A final de cuentas, tenemos algo que decir y un auditorio a quien enseñar y, si es posible, emocionar.

Las lecciones a través de una pantalla reducen nuestro espacio de acción. Uno tiene que adaptarse a usar la voz, las manos y el rostro, desde una sola posición. Pero no sólo eso, sino que ahora uno puede verse también, ser espectador de uno mismo. ¿Han tenido videollamadas con amigos o videoconferencias laborales estos días? ¿Se han sorprendido a sí mismos con el ceño fruncido? ¿Han notado que se tocan mucho el rostro? La interacción constante con nuestro reflejo nos obliga a ser más conscientes de nuestra postura, de nuestro mejor ángulo y hasta de los efectos favorecedores (o no) de la iluminación. No creo que se trate de mera vanidad. Me parece que estamos valorando el lenguaje corporal nuevamente, no por los gestos de terceros, sino por los nuestros.

El análisis de lenguaje corporal e imagen se ha vuelto muy popular últimamente. Los políticos son los objetivos favoritos para realizar este tipo de análisis, aunque también los criminales más peligrosos. Estos estudios sostienen que algo que puede parecer trivial, como mostrar las palmas al pronunciar un discurso o no sostener la mirada pueden revelar tanto como las palabras (o más). Pero no sólo los gestos sutiles comunican. Pensemos simplemente en nuestras expresiones cuando estamos contentos, tristes, enojados o con miedo. Es fácil interpretar signos como el ceño fruncido, una mueca o una sonrisa. ¿Por qué? ¿Cualquier persona, de cualquier contexto histórico y cultural, podría entenderlos de la misma manera? Algunos psicólogos, neurocientíficos y sociólogos se debaten entre dos posturas: ¿hay gestos innatos y universales o todos los signos corporales son aprendidos?

Alzar el dedo pulgar, que nosotros interpretamos como gesto de aprobación, es un insulto obsceno en Irán. En Grecia levantar la mano con la palma hacia adelante es una ofensa terrible. Parece que tiene su origen en una antigua costumbre de arrojar ceniza en el rostro de un condenado para humillarlo. Cruzar los dedos, gesto que utilizamos para atraer buena suerte, es un gesto con connotaciones sexuales en Vietnam.

Frecuentemente, los gestos transmiten ideas e ideologías. Por ejemplo, no quitarse el sombrero ante un monarca era considerado una insolencia y rebeldía. Los cuáqueros se rehusaban a quitarse el sombrero ante el rey de Inglaterra, por que todos los hombres son iguales ante Dios y ninguno merece preferencia. El saludo nazi, por ejemplo, evoca la barbarie y el racismo; de hecho, está prohibido expresamente en Alemania.

El interés por los gestos no es tan reciente como uno podría pensarlo. Cicerón, el gran orador romano, aconsejaba mantener un porte erguido, pocos desplazamientos y extender los brazos sólo en momentos de pasión. Además, reparaba en la expresividad de los ojos, pues ellos pueden delatar la emoción que nos invade y no es bueno que ésta se salga de control. Pero el cuidado de los gestos no sólo es necesario en el ágora, sino también en la mesa o en reuniones sociales. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) dedicaría una de sus obras a los modales de los niños nobles. Allí explica cómo mirar para no lucir iracundo, cansado o loco (sic). Por cierto, también señala que no se debe bailotear en la silla para no aparentar estar soltando flatulencias…

Así que ya saben, cuidado con sus videoconferencias.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias