enero 23, 2022
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Box, Cortázar y una tragedia argentina

Las peleas despiertan en nosotros cierta admiración por la valentía que muestran los púgiles al enfrentarse cuerpo a cuerpo.

Héctor Zagal
Box, Cortázar y una tragedia argentina
Ver una pelea de box de principio a fin puede resultar un espectáculo terrible / Pixabay / Ilustrativa

¿Les gusta el box? Escuché que en México es el segundo deporte que atrae más aficionados; después del fútbol, claro. No soy un fanático, pero reconozco que los enfrentamientos tienen cierto encanto. Creo que las peleas despiertan en nosotros cierta admiración por la valentía que muestran los púgiles al enfrentarse cuerpo a cuerpo y por la destreza y fortaleza física que deben tener. No digo que los grandes boxeadores de la historia sean personas ejemplares en todos los ámbitos de su vida simplemente por haber sido excelentes en un deporte, sin embargo, hay mucho que admirar en la disciplina y cuidado detrás de un buen derechazo. Las horas de entrenamiento, los golpes, el sudor, la sangre derramada; no cualquiera tiene la dedicación necesaria para hacerse de unos pulmones y músculos lo suficientemente fuertes para esquivar, recibir y soltar puñetazos, con elegancia y honor.

La virtud de cada púgil, en su ánimo y su cuerpo, nos emociona. Sin embargo, el enfrentamiento tiene su lado amargo. Ver una pelea de box de principio a fin puede resultar un espectáculo terrible: las caras deformadas por las contusiones, la sangre mezclada con el sudor, la mirada a punto de perderse en una obscuridad de la que no se sabe si regresara pronto. Los cuerpos que en un inicio lucían tan perfectos como una estatua terminan revelando una cruda verdad: la piel puede amoratarse y abrirse, las piernas pueden perder el equilibrio, los huesos pueden romperse. ¿La imponente figura del púgil está esculpida para ser destruida en el cuadrilátero para deleite de los espectadores? La tensión entre lo bello y lo terrible, entre el temple atlético y la brutalidad, vuelve densa la atmósfera del ring.

La popularidad del box me hace pensar que millones de personas cuentan con el estómago para admirar enfrentamientos tan cruentos y, opinarán muchos, gloriosos. Uno de ellos fue Julio Cortázar (1914-1984), el genial escritor y traductor argentino. Para Cortázar, el box no era violento ni cruel, sino un “fenómeno estético” (sic) en el que dos individuos, dos técnicas, dos destinos, se enfrentaban.

Foto: EFE

No sólo sus cuentos (como “Torito”, “La noche de Mantequilla”, entre otros escritos) nos revelan su conocimiento y pasión por el boxeo, sino que él mismo compartió en algunas entrevistas que esta afición lo había acompañado desde niño. Cortázar llegó a platicar que la fascinación por este deporte le llegó a los nueves años no por la vista, sino por el oído. Y es que el 14 de septiembre de 1923, Cortázar, junto con todo el pueblo de la Argentina, estaba pendiente a la narración radiofónica de la pelea entre Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo, “el Toro Salvaje de las Rampas”. La llamada pelea del siglo por el título mundial de peso completo se llevó a cabo en Nueva York. Dempsey peleaba en casa, mientras que Firpo, nacido en Argentina, se convirtió en el primer latino en contender por este título.

La pelea del siglo resultó en victoria para Dempsey. Sin embargo, esta victoria no estuvo exenta de polémica. Con un derechazo, Firpo sacó del cuadrilátero a Dempsey en el primer asalto. Éste pudo regresar al ring 17 segundos después, pero no lo hizo solo. Cuando la pelea se llevó a cabo, era común que los espectadores estuvieran pegados al cuadrilátero, por lo que Dempsey cayó encima del público y de las máquinas de escribir de los periodistas presentes. El impulso de todos los espectadores fue ayudar a Dempsey, así que lo empujaron dentro del ring para seguir con la pelea. ¿Debió permitírsele continuar? Ya llevaba diecisiete segundos fuera y estaba tan aturdido que él mismo afirmó tiempo después que veía a tres Firpos frente a él y no sabía con certeza a cuál pegarle. Al final, se le permitió continuar y en el siguiente round Firpo fue noqueado por Dempsey.

Cortázar recordaba ese día como una tragedia nacional, un robo al país entero, pero también como el día que fue flechado por el boxeo y por las grandes historias del cuadrilátero.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias