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Astros y contratos

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 7 De Abril, 2019 · 09:20 am
Astros y contratos
Los smartphones, la ciencia, el capitalismo y el ateísmo conviven con  la astrología - Ilustración

¿Les confieso algo? Diariamente, antes de salir de casa rumbo al trabajo, reviso mi horóscopo. Nunca falla. Por ejemplo, ayer me aconsejó confiar en las personas correctas para no ser decepcionado. Otras veces me insta a vigilar mi dieta para no pasar malos ratos en el médico. ¿Lo ven? Nunca falla. Al menos una vez a la semana, me aconseja no aceptar responsabilidades para las que no estoy capacitado. Nada como conocer la órbita de Marte para saber si debemos contratar un crédito. Ahora que, en cuestiones de amor, es indispensable revisar la alineación del planeta Venus. Los astros jamás se equivocan. “Las relaciones tormentosas –me predijo mi astróloga de cabecera– entrañan riesgos para la vida”. Los horóscopos no se equivocan.

Existen varios métodos de adivinación, como la lectura del café y la lectura de entrañas de animales. Pero como el café me da gastritis y estoy en contra del maltrato animal, me quedo con la astrología. Además, la astrología no es cualquier cosa; podríamos considerarla la madre de la astronomía moderna. La fascinación de las antiguas civilizaciones por el cielo los llevó a descubrir que los movimientos de los astros eran predecibles. Esto permitió la creación de calendarios, instrumentos claves pronosticar cambios de estación y determinar el mejor momento para sembrar y cosechar. Y ya no hablemos de los viajes en altamar. Hoy traemos GPS en el celular, pero antes el éxito de un viaje dependía de qué tan bien se conocía el firmamento. Si los astros influyen hasta en las mareas, ¿por qué el ser humano estaría exento de su influencia?

Poder predecir la buena o mala fortuna en la vida personal tiene su encanto. ¡Qué fácil sería la vida si de antemano supiésemos que aceptar un nuevo empleo nos volverá ricos! ¡Cuánta angustia nos ahorraríamos si supiéramos que el verdadero amor llegará en la siguiente luna nueva! La posición de los astros nos viene bien cuando no queremos tomar una decisión difícil. Nos tranquiliza pensar que un desafortunado desenlace de nuestras no depende completamente de nuestras acciones. “Mercurio estaba retrógrado, ¡quién se salva de eso!”.

Mientras los astrólogos no expliquen cómo las constelaciones son causa del carácter y fortuna de una persona, la astrología no se considerará una ciencia. Los filósofos griegos se dieron cuenta de ello y por eso distinguieron entre la física o filosofía natural y la magia. Quienes escrutan el cielo valiéndose de las matemática son físicos y sus predicciones son muy limitadas. Quienes infieren el distinto a partir de los astros son magoi.

Lo curioso es que los smartphones, la ciencia, el capitalismo y el ateísmo conviven con  la astrología. En India, algunos matrimonios son arreglados según la compatibilidad astral –y económica– entre los contrayentes. Muchas mujeres de Taiwán, donde rige el horóscopo chino, planean sus embarazos para años de buena fortuna. En México, hay programas de televisión que tienen a sus astrólogos oficiales.

Aristóteles, por el contrario, descreía de la adivinación. Este filósofo pensaba que los humanos debíamos de preocuparnos por controlar nuestro carácter y nuestras actitudes ante las vicisitudes de la vida. Él pensaba que así como un buen zapatero hace el mejor calzado con el trozo de cuero que le toca, así el ser humano debe sacar lo mejor de cualquier situación. El cuero no depende de nosotros y hemos de concentrarnos en lo que sí podemos cambiar. Dicho de otra manera,  en lugar de pensar si soy Gemínis o Escorpión, deberíamos preocuparnos por trabajar, estudiar, ser ordenados y moderados.

¡Dios mío, dame café para cambiar las cosas que puedo, whiskey suficiente para aceptar las que no, y chocolate para ver la diferencia!

Sapere aude. ¡Atrévete a saber!

@hzagal