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Amores Tóxicos

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 11 De Febrero, 2018 · 08:29 am
Amores Tóxicos
Foto: Archivo

Viene el día más cursi del año y yo ya estoy preparando mi casa como congelador para mantener frío mi corazón. El amor es la perdición del ser humano. Prueba de ello está en gran parte de la literatura, en la historia y, me han contado por ahí, en la música de banda. Si todavía no me creen, les voy a contar una de las más trágicas historias de amor: Jasón y Medea.

Jasón era un aventurero bastante mediocre que buscaba el vellocino de oro. El codiciado tesoro estaba resguardado por el pueblo de la princesa-bruja Medea. Jasón termina convenciendo a Medea, para que lo ayude a robar el vellocino de oro. Medea le hace caso y traiciona a su gente y a su familia. En el camino de regreso, Jasón le hace un par de hijos a Medea y espera convertirse en rey a su regreso. Sin embargo, aunque ha conseguido el vellocino de oro y todo parecía marchar bien, le dicen que para ascender al trono necesita casarse con una verdadera princesa griega; es decir, otra mujer que no fuera Medea. Jasón, un papanatas que es fiel solamente a sus ambiciones, abandona a Medea por otra. La poderosa Medea no se queda con los brazos cruzados y le obsequia a la nueva princesa de Jasón un vestido encantado que termina prendiéndose en llamas, reduciendo a la pobre a cenizas. Y a Jasón, bueno, le tenía que dar donde más le doliera, así que Medea mata a sus propios hijos y escapa en un carruaje tirado por dragones. Yo, si tuviera que dar un presente por el 14 de febrero, regalaría esta tragedia escrita por Eurípides.

¿Les cuento otra? Una de las relaciones más aclamadas de la Edad Media es la de Pedro Abelardo y Eloísa, por aquello de las bonitas cartas que se escribían; pero incluso ese amor termina muy mal. Eloísa era una muchacha inteligente de unos 16 años y Abelardo era un respetable profesor universitario. El canónigo Fulberto, tío de Eloísa, le pide a Abelardo que se convierta en el tutor de su sobrina. Al final, entre clase y clase, terminan enamorándose uno del otro y teniendo relaciones sexuales. Cuando el tío se entera de lo que sucede, se enfurece y manda a castrar a Abelardo. Al pobre no le queda sino alejarse de la muchacha. Eloísa es obligada a tomar los hábitos monásticos, pero aún le envía cartas a Pedro Abelardo. Así que ya saben, cuidado con los tíos.

Y si todavía creen en el amor, les recomiendo los suicidios de Romeo y Julieta provocados por algo así como un mensaje de WhatsApp que se quedó en la nube; Shakespeare sabía de lo que escribía. También está Flaubert con Madame Bovary y sus sueños guajiros por un matrimonio divertido. En cambio, si quieren algo real, échenle un ojo a la historia de Cleopatra y Marco Antonio, o a las esposas de Enrique VIII o a Frida Kahlo y su triángulo amoroso con Diego Rivera y su propia hermana.

El material sobra; pero no dejen que las tantas pruebas aquí expuestas estropeen su creencia en el amor. ¿Les cuento algo, aquí en confianza? A pesar de todo, en el fondo de mi corazón desolado, creo sí es posible amar a alguien para toda la vida. Fue el ejemplo que me dejaron mis abuelos y mis padres. Así que ánimo, ¡feliz 14 de febrero!

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias