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AMLO, el juego del poder

De la tinta de Guille Gómora.

Guille Gómora Miércoles 19 De Diciembre, 2018 · 07:27 am
AMLO, el juego del poder
El presidente Andrés Manuel López Obrador prometió “No fallarle al pueblo de México”

Se acabó la campaña, Andrés Manuel López Obrador, el presidente de los 30 millones de votos, se estrenó en el juego formal del poder. Dejó de ser oposición, llegó la hora de gobernar a 120 millones de mexicanos, de decidir y cumplir; de dar un mensaje de tranquilidad al país y al mundo.

La expectativa y la esperanza de los ciudadanos que votaron por un cambio real, son enormes, igual que el temor y la incertidumbre de quienes sufragaron en contra. El margen de error para el nuevo gobierno es mínimo. En lo inmediato debe transitar de lo popular a lo eficaz. La resaca de la crisis durante la transición aún no desaparece.

Emprender la cuarta transformación, demanda cambios profundos y certeros; en el combate a la pobreza no hay varita mágica que saque del problema a los 53 millones de mexicanos que la padecen. Las dádivas y el paternalismo nos llevaron a esta ignominiosa realidad. Repetir el viejo patrón del asistencialismo en poco o nada ayudará a resolverlo.

Los recursos son finitos. México demanda un crecimiento real que genere empleos bien remunerados. Sin embargo, el pronóstico del Banco de México para 2019 no es nada alentador, pues lo ubica en un rango de 1.7 a 2.7 por ciento, debido a la incertidumbre desatada al interior del país y las austeras condiciones financieras globales.

Respecto al grave problema de la inseguridad, las señales cambiaron; la promesa de regresar el Ejército a los cuarteles se incumplió, seguirán en todo el país y serán reforzados por la Guardia Nacional. El México real se impuso: casi 30 mil homicidios dolosos que dejará este 2018 (SNSP), más de mil 300 fosas clandestinas en todo el país (CNDH) y más de 37 mil desaparecidos (Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas). Un pandemónium.

Con respecto al combate de la corrupción y la impunidad, sus banderas durante las tres campañas presidenciales, López Obrador, pasó la estafeta del perdón al pueblo sabio. Durante la toma de protesta, anunció: “Los asuntos de corrupción en el pasado y su castigo se someterán a consulta de los ciudadanos; se aplicará el perdón a los de antes, a los que se van”. Sólo que, ir tras corruptos y castigarlos, no es tarea del Presidente, corresponde a Fiscalías y al Poder Judicial. ¿O estamos de nuevo ante ¡Al diablo las instituciones!? Ojalá que no.

Una lucha de 18 años, por llegar a la Presidencia, con un bono de legitimidad como el que logró con su partido y trasladó al Congreso, no puede, no debe transformarla en cambios cosméticos, populistas, autoritarios.  El juego del poder demanda consensos, contrapesos, aliados. El discurso retador (“me canso ganso”) y dicharachero (“son fifís”; “la mafia del poder” o “esto es un compló”) deberá medir sus alcances, ahora es el Jefe del Ejecutivo.

El nuevo gobierno tiene frente a sí dilemas ineludibles en materia presupuestal; educativa; energética; de administración pública y aeroportuaria. ¿Logrará cumplir todo lo que prometió? ¿Lo que cada ciudadano esperaba a la hora de votar? ¿Vale la pena mantener la estrategia radical de la campaña?

Andrés Manuel prometió “No fallarle al pueblo de México”, somos 120 millones. ¿En su administración se impulsarán las políticas públicas que más convengan al país o las que ayuden a un partido? Gobernar desgasta a los mandatarios y decepciona a los ciudadanos. En juego está una nación, no la próxima elección de 2021.

@guillegómora