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Aire venenoso

De la tinta de Arturo Barba

Arturo Barba Viernes 17 De Mayo, 2019 · 07:24 am
Aire venenoso
Año tras año en la Ciudad de México ocurre lo mismo: contingencias ambientales ocasionadas por la contaminación del aire.

Año tras año en la Ciudad de México ocurre lo mismo: contingencias ambientales ocasionadas por la contaminación del aire. También, cada año los habitantes de esta gran urbe escuchamos las mismas excusas de los gobiernos incapaces que no asumen su responsabilidad. Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la capital, científica de formación, pero política de profesión, reaccionó tarde y mal ante los altísimos índices de contaminación de los últimos días.

Intentó culpar la falta de protocolos de gobiernos anteriores y mintió ante la presencia de “nuevos contaminantes” llamados PM2.5, que son partículas de contaminantes muy pequeñas de 2.5 micras (un micra equivale a una milésima parte de un milímetro), y que son producidas por el humo de vehículos, fábricas, centrales eléctricas (que queman carbón) y por incendios forestales o de basureros.

Si bien es cierto que los incendios han agudizado el problema, la Ciudad de México está contaminada desde hace décadas por partículas de todos los tamaños; la comunidad científica nacional e internacional lo sabe perfectamente. También se quiso pretextar la falta de vientos y la falta de lluvias, como si la contaminación del aire fuera un fenómeno natural.

Los gobiernos no han sabido, no han podido o no han querido enfrentar de raíz el problema del desastre ambiental citadino. La mediocre estrategia política tratará de culpar a los habitantes del Valle de México, pero eso también será mentira. La sociedad mexicana ha invertido año con año para pagarle a funcionarios y gobernantes (y muy bien) para que resuelvan el problema, pero a pesar de que los ha dotado de miles de millones de pesos para hacerlo, el problema está lejos de ser resuelto. Los intereses políticos y la corrupción son más importantes que la salud de millones de capitalinos.

El aire de esta urbe es un auténtico veneno ponzoñoso que asesina a miles de personas cada año y causa graves problemas de salud a cientos de miles más. A diferencia de los pajaritos que cayeron fulminados en la época de Patricio Chirinos, responsable de la desaparecida Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE), a mediados de los ochenta, hoy el aire contaminado de la Ciudad de México está matando a miles de personas de manera lenta y silenciosa, pero implacable.

Lo alarmante de las desatinadas declaraciones de Sheinbaum es que hasta ahora no se han medido las partículas PM2.5 y no existen “protocolos” o medidas para inhibir su emisión (PM, significa materia particulada, por sus siglas en inglés). Su diámetro es tan pequeño que tienen el 3% del diámetro de un cabello humano. Estas partículas son auténticas asesinas debido a que penetran la barrera pulmonar e ingresan al sistema sanguíneo, y de ahí se distribuyen a todo el organismo.

Cuando entran al cuerpo humano causan cardiopatía isquémica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, males cerebrovasculares y cáncer de pulmón. Tan solo en Estados Unidos, de acuerdo con una investigación publicada en la revista Atmospheric Chemistry and Physics, estas partículas, junto con el ozono, mataron a 135 mil personas en 1990. Luego de la implementación de medidas de inhibición fueron los responsables de la muerte de 71 mil personas en 2010.

En un estudio realizado en Holanda y publicado en marzo de 2018 en la revista Biological Psychiatry, se reportó que la exposición a la contaminación del aire durante la vida fetal puede ocasionar anomalías cerebrales que pueden contribuir a la función cognitiva alterada en niños en edad escolar. Este hallazgo se suma a estudios previos que han relacionado los “niveles aceptables” de contaminación del aire con otras complicaciones, como el deterioro cognitivo y el subdesarrollo del crecimiento fetal. Entre las anomalías cerebrales que ocasiona la contaminación se encuentra la incapacidad de regular el autocontrol sobre los impulsos, lo cual está relacionado con problemas de salud mental, como el comportamiento adictivo y el trastorno por déficit de atención o la hiperactividad. Hay que considerar que los niveles de regulación de contaminantes en Europa son cinco veces más estrictos que los mexicanos.

La Comisión sobre la Contaminación y la Salud de la Organización Mundial de la Salud y la revista The Lancet señaló a la contaminación del aire como una de las cinco principales amenazas de mortalidad mundial y, en especial, la “contaminación de partículas en el ambiente”, que puede ocasionar diversos tipos de cáncer.

“La contaminación es la mayor causa ambiental de enfermedad y de muerte prematura en el mundo de hoy”, indica la Comisión. “Las enfermedades provocadas por la contaminación fueron responsables de 9 millones de muertes prematuras en 2015 —el 16% de todas las muertes en todo el mundo—, tres veces más muertes que la ocasionadas por el sida, la tuberculosis y la malaria combinadas y 15 veces más que de todas las guerras y otras formas de violencia”.

En México no existen medidas contra la emisión de PM2.5. Hace algunas semanas, en un reportaje del periódico The New York Times (5 de abril), se reportaba el incremento notable de los casos de cáncer de pulmón en nuestro país por causas que no están relacionadas con el tabaquismo. Los especialistas consultados por el periódico y los reporteros nunca se percataron de la verdadera causa: la contaminación del aire.

A esto hay que agregar que una investigación publicada en la revista Science hace un año, que demuestra que los contaminantes químicos conocidos como compuestos orgánicos volátiles (COV), que fundamentalmente se producen al interior de los hogares y oficinas como aromatizantes, limpiadores, barnices, solventes, adhesivos o pinturas, entre muchos otros, son los responsables de por lo menos el 50% de la contaminación del aire de las ciudades.

La evidencia científica sobre los efectos de la contaminación del aire en la salud humana son abrumadoras. Se conocen desde hace décadas, pero hasta ahora los gobiernos de la ciudad y del país la han subestimado o, simplemente, no les interesa la salud de los mexicanos. Se trata de un asunto complejo que no se puede enfrentar solo con medidas que limitan la circulación vehicular.

Si este gobierno quiere realmente transformar esta situación tiene que implementar acciones urgentes que ataquen el problema de raíz. Las medidas ya se conocen, se han aplicado con éxito en muchas ciudades del mundo. El problema es que la mayoría de ellas surten efecto en el mediano y largo plazos o son antipopulares; esto rebasa cualquier cálculo político de Sheinbaum o de cualquier gobernante mexicano, por lo que me temo que no las veremos y año tras año continuaremos sufriendo el aire venenoso de la Ciudad de México.

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com